Hoy se celebra el día de la Familia, en estos días escuchamos hablar sobre la familia en casi todos los medios de comunicación, por la educación o falta de ella, por la salud o su falta de atención, por los jóvenes, a nivel judicial, etc.
Pero que es la Familia, o mejor, ¿Familia quién eres? Si vamos al diccionario la Real Academia Española nos dice; “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. Pero todos sabemos que la familia es mucho más que esto, debemos tener en cuenta lo que la familia realmente es y lo que desea ser.

 

Lo concreto de la familia son sus valores, su funcionamiento que debemos entender que cada familia es única, mantener la familia abierta buscando en cada miembro lo perfectible, sin intentar imitar lo perfecto que no existe, y potenciando cada esfuerzo particular que se volcará en el grupo.
Lo virtual es el AMOR, el afecto, ese cuidado que se da dentro del núcleo familiar, tanto en los niños como con los mayores. La apertura tanto a la procreación como a cobijar al necesitado, a compartir, a no medir esfuerzos, donde todo se realiza sin pensar en costos.
Pero vivimos en una sociedad con muchos problemas de pobreza, inseguridad, exclusión social, etc. Y la víctima silenciosa de estos problemas es la Familia.
La imposibilidad de brindarles a sus miembros un empleo digno, de satisfacer las necesidades básicas, traen como consecuencias la deserción escolar y liceal; jóvenes sin incentivo laboral. Unos se quedan en sus casas solos, sin sus padres, porque trabajan en dos o tres empleos, o porque no viven en la misma casa, aislados, frente a una computadora, a través de las redes sociales se dicen tener mil amigos Pero no logran la experiencia de tener el encuentro con el otro.
Otros jóvenes están en la calle, sin la preparación ni la protección familiar que los orienten y les faciliten la inserción sana en la sociedad, todas estas situaciones promueven la fractura de la familia y llegan a desarticularla.
Para solucionar esto se intenta institucionalizar a los chicos, con escuelas de horario completo desde los 2 años, niños que deben de competir por un juguete no con su hermano, sino con un montón de niños extraños que no son familia.
La familia es el lugar ideal donde el ser humano nace y muere, es el lugar donde el ser humano se muestra tal cual es. También es la más efectiva para prevenir, si se forman éticamente a los chicos y los padres asumimos la responsabilidad y nos damos cuenta que somos modelos y que nos debemos a ellos. Vemos con mucho dolor que hoy los hijos son olvidados en los centros educativos, y que los padres están delegando su función básica en la educación, ya que las escuelas son complemento de lo que se empieza en la familia
Reconocemos que la sociedad actual cuenta con diferentes modelos de familias, algunas muy distintas a la tradicional, debemos respetar y reconocer que si hay amor entonces es algo que tiene que ver con Dios.
Ante este desafío de la sociedad en que nos toca vivir, la familia debería ser la unidad central a la que se debe fortalecer para que sea capaz de sacar adelante el bienestar social. Fortalecer la familia es reconocer el pilar fundamental de la sociedad, es reconocer la necesidad de que la madre sea el centro de la familia, pero que pueda cumplir esa función con la confianza de poder brindarle a sus hijos las necesidades básicas con ternura y seguridad. Que tenga la oportunidad de criar a sus hijos por lo menos los primeros años de vida.
Goethe nos decía “Da más fuerza saberse amado que saberse fuerte”
Luchemos por la Familia, hay que buscar la forma de defenderla y darle la posibilidad de demostrar que es el ámbito más propicio para el cuidado de sus miembros.

 

¿QUÉ ES LA FAMILIA?

 

Es la que nos enseña.
La mesa de todos los días, el pan, el niño, la visita, el abuelo, la abuela, los silencios.
Aprender a decir papá…y decir una y otra vez mamá…y recibir de regalo mil sonrisas.
Es aprender a caminar, a leer la vida, a mirar el mundo, a respetar al otro.
Una familia es crecimiento cotidiano, adolescencia, discusuión, caricia, conflicto, permiso, castigo y reconciliación, disculparnos tantas veces como sea necesario y volver al amor y caer y necesitarse unos con otros.
Una familia es un sello de fuego grabado en la parte superior del alma.
Se aprecia y se valora hasta el infinito cuando no se tiene, y se reconoce lo que significa.
Es una “marca registrada” en las costumbres, en el vocabulario, en los ojos y en la personalidad. Es gozarse, contemplarse alegrarse mutuamente y abrazarse en la angustia.
Es el nacimiento y la enfermedad y el colegio y un amor y el trabajo y un juguete, una casa y otro amor y el paseo y las decisiones y los hijos y los nietos y mil sorpresas diarias.
Una familia es un juego de simpatías y son lágrimas de amargura.
Es desvelarse, vigilar, tener temores, sentir orgullo, morir y resucitar cien veces en cien mil oportunidades.
Una familia son las raíces del árbol hundidas profundamente en la tierra. Es el tronco que sostiene el peso del futuro son las ramas que se levantan suplicantes hacia el cielo. Es la savia que recorre, fortalece y alimenta el amor en todo instante.
Una regalo de Dios, para vivir siempre agradecidos.
Para devolverlo en AMOR

Pero la persona adulta en ningún caso puede escaparse a la responsabilidad de influir sobre el niño; ni siquiera cuando se impone la enorme responsabilidad de no hacerlo. La madre puede educar al hijo sin elegirle una religión; pero no sin elegirle un medio ambiente. Si ella opta por dejar a un lado la religión, está escogiendo ya el medio ambiente; y además, un medio ambiente funesto y contranatural. La madre, para que su hijo no sufra la influencia de supersticiones y tradiciones sociales, tendrá que aislar a su hijo en una isla desierta y allí educarlo. Pero la madre está escogiendo la isla, el lago y la soledad; y, es tan responsable por obrar así como si hubiera escogido la sec-ta de los mennonitas o la teología de los mormones.

 

Es completamente evidente, dicen, para quien piense durante dos minutos, que la responsabilidad de encauzar la infancia pertenece al adulto, por la relación existente entre éste y el niño, completamente aparte de las relaciones de religión e irreligión. Pero la gente que repite esta fraseología no la piensa dos minutos. No intentan unir sus pala-bras con una razón, con una filosofía. Han oído ese argumento aplicado a la religión, y nunca piensan en aplicarlo a otra cosa fuera de la religión. Nunca piensan en extraer esas diez o doce palabras de su contexto convencional y tratar de aplicarlas a cualquier otro contexto. Han oído que hay personas que se resisten a educar a los hijos aun en su propia religión. Igualmente podría haber personas que se resistieran a educar a los hijos en su propia civilización. Si el niño cuando sea mayor, puede preferir otro credo, es igualmente cierto que puede preferir otra cultura. Puede molestarse por no haber sido educado como un buen sueco burgués; puede lamentar profundamente no haber sido educado como un Sandzmanian. De la misma manera puede lamentar haber sido educa-do como un caballero inglés y no como un árabe salvaje del desierto. Puede (con la ayuda de una buena educación geográfica), mientras examina el mundo desde China al Perú, sentirse envidioso por la dignidad del código de Confucio o llorar sobre las ruinas de la gran civilización incaica. Pero, evidentemente, alguien ha tenido que educarlo para llegar a ese estado de lamentar tal o cual cosa; y la responsabilidad más grave de todas es tal vez la de no guiar al niño hacia ningún fin.

 

En Charlas, II, Acerca de las nuevas ideas,
Obras completas I, Ed. Plaza Janés, pp. 1099-1100.
Tomado de: www.arvo.net

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